
Saint-Maur · 1681
De re diplomatica
dom Jean Mabillon · París, Louis Billaine · un volumen en folio, seis libros
El libro que enseñó a Europa a distinguir una carta medieval auténtica de una falsificada. Nada en él tiene aire de manifiesto: es el pergamino, la tinta, la escritura, la fórmula, el sello y la fecha, examinados por orden, hasta que la prueba pueda repetirla cualquiera. Desde entonces la disciplina lleva, por el título del libro, el nombre de diplomática.
Una querella de cartas
En 1675 el jesuita Daniel Papebroch, que trabajaba en los Acta Sanctorum en Amberes, antepuso a su segundo volumen de abril un breve tratado sobre el modo de discernir los pergaminos verdaderos de los falsos. Aplicados con rigor, sus criterios condenaban como falsas una larga serie de cartas merovingias, entre ellas cartas de Saint-Denis — y, con ellas, los títulos de propiedad de buena parte de la Francia benedictina. La Congregación de Saint-Maur respondió encomendando la cuestión al espíritu mejor formado que tenía. Seis años separan las reglas del jesuita de la respuesta del maurino.
Mabillon vivía entonces en Saint-Germain-des-Prés, adonde había llegado en 1664 para trabajar en las vidas de los santos benedictinos. Tenía cuarenta y nueve años cuando apareció el libro. No respondió con un panfleto.

Seis libros, y cincuenta y ocho láminas
Los seis libros van del objeto al juicio. Primero la materia — el pergamino, la tinta, la forma y el plegado de la hoja; luego las escrituras, expuestas siglo por siglo hasta el quince, cada una con su alfabeto: romana, franca, lombarda, sajona, gótica. Luego la cancillería: sus fórmulas, sus suscripciones, sus sellos y monogramas, sus maneras de enunciar la fecha. Luego los casos discutidos. El libro V lleva la prueba misma — facsímiles de diplomas reales, de Dagoberto I a san Luis, y de bulas pontificias, grabados en cobre por Pierre Giffart, la mayoría tomados de los originales de Saint-Denis por uno de los hermanos del propio Mabillon. El libro anuncia sesenta láminas en su portada; el preámbulo del libro V cuenta cincuenta y ocho.
Lo que hizo utilizable el método fue su comedimiento. El argumento del primer capítulo nombra duo extrema vitanda, dos extremos que hay que evitar: ni tragarse todo pergamino, ni desechar en bloque toda una clase de ellos. El libro III vuelve esa regla contra la pieza misma que Papebroch daba por ejemplo, un diploma de Dagoberto para San Maximino de Tréveris, y dice sin rodeos que ocultar sus defectos pondría en peligro el crédito de los diplomas auténticos. Los márgenes citan al jesuita párrafo por párrafo.

Lo que siguió
Papebroch cedió. Su frase tantas veces citada — que su única satisfacción por haber escrito sobre la materia era haber provocado una obra tan completa — circula sin fecha, y la damos como la da la tradición. Colbert, a quien está dedicado el libro, ofreció a su autor una pensión de dos mil libras; Mabillon la rehusó y pidió en cambio que el ministro protegiera su monasterio. Al año siguiente fue enviado a Borgoña a buscar archivos por cuenta de la corona.
El elogio no fue unánime. En 1684 Adrien de Valois atacó el cuarto libro, el repertorio de los palacios de los reyes francos compilado por dom Michel Germain. Desde 1703 el jesuita Barthélemy Germon publicó contra el conjunto. Mabillon respondió con un Supplementum en 1704; dom Thierry Ruinart llevó a la imprenta una segunda edición revisada en 1709, dos años después de su muerte; una tercera apareció en Nápoles en 1789.

Un detalle que merece una segunda mirada
Louis Billaine, que costeó el libro, murió el 25 de agosto de 1681, el año en que salió. Los ejemplares conservados llevan por ello el pie de imprenta en dos estados: Sumtibus Ludovici Billaine y Sumtibus Viduae Lud. Billaine — a costa de la viuda. El ejemplar de abajo, del segundo estado, fue inscrito ese mismo año para la biblioteca de la abadía maurina de Saint-Nicaise de Reims. Doscientos cuarenta años después, los dos ejemplares están a unos pocos estantes de distancia en la biblioteca municipal de esa ciudad.

Por qué está aquí
Porque el Conservatoire trabaja según esta regla y ninguna otra: nada se afirma que un documento no sostenga, y el documento se nombra. Lo que Mabillon hizo por las cartas, el programa de investigación lo intenta para los archivos de esta abadía — empezando por los planos, los arrendamientos y las cuentas que se conservan de su propio siglo maurino.
FuentesLas portadas, el frontispicio, la cabecera de Colbert y la apertura del libro III aquí reproducidos son fotografías de dos ejemplares de la edición de 1681 conservados en la Bibliothèque municipale de Reims (XGG 12 y CHGG 31), publicadas en Wikimedia Commons y en el dominio público. El número de láminas sigue el preámbulo del libro V. El texto completo de la segunda edición de 1709 puede leerse en Internet Archive.
