San Mauro
La Congregación de San Mauro
1618-1790. Una reforma monástica y un largo trabajo de erudición.

La Congregación de San Mauro nació tras la estela de la Congregación de San Vanne, que había reformado los monasterios benedictinos de Lorena. Luis XIII la autorizó por cartas patentes en agosto de 1618; el papa Gregorio XV la aprobó en 1621. No se trataba de fundar casas nuevas, sino de reformar monasterios antiguos: Saint-Denis, Saint-Benoît-sur-Loire, Saint-Remi de Reims, el Mont-Saint-Michel, Le Bec.
En su apogeo, entre 1680 y 1710, la Congregación contaba con más de ciento noventa abadías y prioratos repartidos en seis provincias: Francia, Normandía, Bretaña, Borgoña, Chezal-Benoît y Toulouse. Se gobernaba desde Saint-Germain-des-Prés por un superior general y por un capítulo general reunido cada tres años, que proveía todos los oficios. El monje no hacía voto de estabilidad en una casa, sino en la Congregación, y por eso podía ser enviado allí donde una empresa erudita lo necesitara.
El oficio, la mano, el estudio
La vida maurista descansaba en tres pilares. El oficio divino, cantado siete veces al día y una por la noche. El trabajo manual, «un ejercicio regular del que nadie está exento», tampoco los superiores. Y el trabajo intelectual, querido desde el principio por dom Grégoire Tarrisse, superior general de 1630 a 1648, y organizado por dom Luc d’Achery, bibliotecario de Saint-Germain-des-Prés: todo monje formado en las humanidades, en la Escritura, en los Padres y en los principios del canto, y los más capaces reunidos en París para las grandes ediciones.
Todas las casas quedaban convocadas. Cartas circulares fijaban el programa y el método: Au sujet des mémoires qu’on demande pour composer l’Histoire de l’Ordre (1647), Méthode pour la recherche des manuscrits (1648). Cada monasterio debía inventariar sus títulos, escribir su propia historia y llevar su Livre des choses mémorables, su libro de las cosas memorables.
Construir
Los mauristas encontraron abadías arruinadas por la guerra y por el régimen de encomienda. Restauraron las iglesias abaciales medievales conforme a su estilo, hasta el punto de rematar en gótico la iglesia de Saint-Maixent a mediados del siglo XVII. Las dependencias monásticas, en cambio, las reconstruyeron: grandes cuerpos, claros y sobrios, dispuestos en torno al claustro, con biblioteca, escalera de honor y largas galerías. Los hermanos arquitectos, como Guillaume de La Tremblaye, levantaban los planos de las dependencias conventuales. Esta es la arquitectura que se ve en el Mas-Garnier.
Saint-Germain-des-Prés, casa madre de la Congregación
En Saint-Germain-des-Prés residían el superior general y los grandes eruditos de la Congregación, y allí se reunía el capítulo general. La iglesia abacial, una de las más antiguas de París, fue restaurada por los mauristas antes de ser incautada en la Revolución; su recinto se convirtió en prisión, y su nombre, «la Abadía», pasó a designar uno de los lugares de las matanzas de septiembre de 1792.


El martirio de la Congregación
El fin, y lo que queda
La Asamblea Nacional Constituyente abolió los votos monásticos en febrero de 1790. Las comunidades fueron dispersadas y las bibliotecas incautadas. El último superior general, dom Ambroise Chevreux, murió mártir en el convento de los Carmes el 2 de septiembre de 1792; la Iglesia lo beatificó en 1926 entre los mártires de septiembre: el martirio de la Congregación y lo que de él se retomó. Los manuscritos de Saint-Germain-des-Prés forman hoy uno de los fondos principales de la Biblioteca Nacional de Francia. Varias empresas mauristas fueron asumidas por la Académie des inscriptions et belles-lettres, que las continúa.
